Todo amante, o por lo menos admirador de la física, debería saber lo que son los procesos irreversibles y la entropía. La propia palabra de irreversible nos deja claro de qué estamos hablando. Cuando un sistema sufre un proceso irreversible, no se puede dar marcha atrás en ese mismo proceso y volver al punto de inicio. En ese tiempo algo ha ocurrido que impide volver a donde estábamos antes.
Por ejemplo, cuando aplicas un campo magnético sobre una barra de hierro dulce, ésta sigue un proceso de magnetización con ciertas peculiaridades que hacen que, cuando retiramos el campo magnético, aún haya magnetización.
Los físicos se empeñan en utilizar un concepto llamada entropía, que es algo así como el grado de desorden de un sistema. A mayor entropía, mayor desorden. En un proceso irreversible, la entropía crece. Es inevitable. Hay ciertos procesos que cambian un sistema para siempre. La vida es un sistema irreversible, por si no lo habíais pensado.
Ciertos eventos en mi vida me hacen sentirme como una barra de hierro dulce tras haber recibido una sesión gratuita de campo magnético. Me da la impresión de que nunca podré volver atrás, de que la entropía me ha ganado esta partida por una mano.
Normalmente, en esos momentos, recuerdo las sesiones de laboratorio. Para desmagnetizar un material, no hay que seguir su curva de imanación, porque llegaríamos a ese punto de no retorno. O bien dejas que el tiempo y la entropía vuelvan a dejar todo en su sitio, mucho tiempo después, o bien aplicas campo alterno muy intenso y lo vas reduciendo hasta llegar a cero. Tras ese tratamiento de choque, el hierro dulce vuelve a ser una barra de metal normal. Por supuesto, tienes que hacerlo bien, porque ese campo alterno puede magnetizar el material nuevamente.
No consigo encontrar un análogo del campo alterno intenso y decreciente en la historia de mi vida, aunque estoy seguro que está por ahí. Y si no está, pues ya aparecerá en algún momento. No soy yo amigo ni de la entropía ni del esperar. El orden y las cosas sencillas, eso sí me gusta, aunque supongo que tiene mucho que ver con mi manía a encontrar simetrías y equilibrios.
(Y a no pisar las rayas de las baldosas, añadiré)
Ah, y seguro que ese campo alterno tiene unos ojos chispeantes, una sonrisa calurosa y una personalidad complicada e intensa.
Nunca aprenderé a desmagnetizarme bien.
(Ni a escribir una entrada de física. Siempre acabo hablando de mí mismo.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario