viernes, 17 de mayo de 2013

La moraleja de pisar gasterópodos


Hace no mucho tiempo, iba yo por el campo con unos amigos cuando vimos una enorme babosa, mas o menos traslúcida y de un vibrante color naranja. Uno de mis amigos sugirió aplastar el bicho, que según él era tremendamente asqueroso, pero a mí más que asquerosa me parecía fascinante. Nunca había visto una babosa así.

Automáticamente, otro de mis amigos salió en defensa del bicho, ya que le parecía una crueldad innecesaria y ridícula. No nos había hecho nada. Tras un breve rato de discusión, dejamos a la babosa en paz. Mi amigo amante de la naturaleza estaba aliviado, pero mi amigo al que no le gustaban las babosas iba refunfuñando.

¿Y yo? Yo dije: “Vaya, me habría gustado ver cómo era por dentro”. Esa sola frase, dicha con una media sonrisa, bastó para que la babosa acabase aplastada en menos de un par de segundos. Como comprenderéis, cambiaron las tornas, y uno de mis amigos acabó muy enfadado mientras que el otro aliviado.

¿Moraleja de esta historia? No creo que tenga una moraleja, son sencillamente cosas que pasan. Pero queda la pregunta en el aire: ¿Quién fue más cruel, mi amigo destructivo o yo, que sabía cuál sería la reacción del mismo?

La crueldad es una respuesta emocional que en general es percibida como negativa. La indiferencia hacia el dolor ajeno no resulta del agrado de la mayoría de la gente, y desde luego es totalmente opuesta al ideal de una sociedad equitativa e igualitaria… ¿O no?

Seguro que en más de una ocasión has intentado, sin éxito, conseguir que todo salga bien para todo el mundo, o que todo el mundo esté contento contigo. Te entiendo, es habitual buscar la aprobación de todos, o tratar de alcanzar un punto en el que todos están bien, pero resulta imposible. De mi reducida experiencia, creo que puedo decir que es complicado que los gustos e intereses de la gente coincidan, y es más habitual que lo que les hace daño o no les gusta sí sean comunes.

Buscar el bien común es muy loable, pero complicado. Dada la gran dispersión de gustos y necesidades de la gente, siempre habrá alguien desfavorecido, que no se encuentre bien. No obstante, el mal común es mucho más alcanzable. Reparte un poco de sufrimiento universal entre la gente, y todos estarán iguales. Nadie se librará del dolor, no habrá gente favorecida y por tanto tampoco desfavorecida.

La crueldad es un modelo de gobierno horrible, con muchos inconvenientes, pero es justa, equitativa e igualitaria. En nuestro sistema hay grandes desigualdades e injusticias, pero vivimos bien. No lo olvidemos nunca.

Cuando no te importa nada el sufrimiento ajeno, puedes tomar con facilidad decisiones objetivas, y verlo todo con una mayor claridad. Desde una posición alejada e insensible es más fácil dirigir los hilos de tu vida, o de las de otros.

Hoy mismo he visto por la calle un caracol. Llovía, así que lo vi por puro azar. Podría haberlo pisado perfectamente, pero hubo suerte y no lo hice. Me paré a pensar, y decidí que era peligroso para el bicho, así que me agaché para apartarlo de ahí. Al ir a cogerlo, noté que su concha estaba rota, con la más leve presión la aplasté un poco, así que retiré la mano esperando no haberle hecho ningún daño. El caracol se escondió en la maltrecha concha, lo normal, pero no parecía herido. Decidí dejarlo ahí, porque si no podría causarle más daño del que le habría librado.

Al final, me quedé pensando. ¿Realmente necesitaba el caracol mi ayuda? ¿Realmente la gente no lo habría visto? ¿Cuál es la moraleja de esta historia? Supongo que no hay que buscar moralejas, sólo vivir y ser consecuente.

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