Una vez alguien me contó una teoría acerca del
entrelazamiento cuántico, según el cual, en el inicio, todas las partículas
estaban unidas. Tras el Big Bang, la Gran Inflación o como quieras llamarlo, esas
partículas se separaron. Como cualquiera sabe (o debería saber para seguir
entendiendo esta entrada), el entrelazamiento cuántico se produce a cualquier
distancia, da igual lo grande que sea, así que dos partículas entrelazadas lo
seguirán estando sin importar la distancia.
Según esta teoría, todas las partículas que forman tu
cuerpo (electrones, protones, neutrones…) están entrelazadas a distancia con
otras, con lo que existe un vínculo entre lo que forma el Tú y el resto del
universo. Y eso significa que es posible que haya alguien, alguna persona sobre
el planeta, que comparta alguno de los lazos cuánticos contigo.
Esa persona y tú, en cierto modo, estáis ligados de una
manera mucho más profunda de la que podrías siquiera imaginar. Estáis
entrelazados desde el inicio de los tiempos, antes de empezar a ser, y lo
seguiréis estando aún después de que dejéis de ser. Qué hagas con ese vínculo
es cosa tuya.
Es probable que nunca encuentres a alguien con quien
compartas algo así, pero supongo que si eso ocurre, te darás cuenta. Algún espín
en tu cuerpo reaccionará con el de la otra persona como uno sólo.
O quizá no. Quizá hayamos llegado a este mundo totalmente
desgajados del resto en un nivel básico. Quizá caminemos por el mundo buscando nuestro
par de espín, nuestro electrón del singlete, nuestro par de Cooper, y desgraciadamente,
no exista. Somos solitarios grupos de partículas sin un compañero elemental,
que inventamos nuestros propios motivos para agruparnos, porque no existe uno
real para que eso ocurra.
Hay muchas formas de estar entrelazado con alguien hasta
el fin de los tiempos, o al menos de tus tiempos. No todas requieren que la
nucleosíntesis primordial os vinculase en la más íntima de las teorías cuánticas
de campos. La mayoría ni siquiera requiere un nivel molecular o químico, sino
una correspondencia de ondas sonoras o electromagnéticas capaces de resonar con
las olas que recubren tu consciencia.
Quizá estemos tan solos como parece, así que o bien lo
aceptamos, o bien luchamos contra ello. El ser humano ha superado barreras difíciles
de imaginar en un intento de decirle a la Naturaleza: ¿Que no puedo? Te vas a
enterar.
“No puedes salir de tu planeta, porque eres pequeño e
insignificante con respecto a las grandes fuerzas gravitatorias”. Pues aquí
tienes a Yuri Gagarin en el Vostok 1.
“No puedes vivir bajo el agua, porque tus pulmones sólo
tienen capacidad para procesar oxígeno gaseoso en cierta concentración”. Habla
con Jean-Michel Cousteau.
“No puedes levantar grandes cantidades de peso, porque tus
brazos son frágiles, y tus músculos, insuficientes”. Ahí tienes la palanca y la
polea.
“No puedes acceder al nivel inferior de la Naturaleza, por
que es demasiado pequeño para tus dedos y ojos”. Los microscopios de efecto túnel
dicen lo contrario.
“No puedes manipular el nivel inferior de la Naturaleza,
porque el Principio de Incertidumbre te lo impide”. No obstante, el control cuántico
coherente lo hace.
“No puedes volar”. Era mentira, como todo.
Si hemos conseguido superar obstáculos tan infranqueables
con ingenio y perseverancia, con corazón y sueños, cómo no vamos a superar el más
nimio de los desafíos de la Naturaleza:
“Estás solo, naciste solo y morirás solo”.
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