martes, 7 de mayo de 2013

Entrelazamiento cuántico y soledad


Una vez alguien me contó una teoría acerca del entrelazamiento cuántico, según el cual, en el inicio, todas las partículas estaban unidas. Tras el Big Bang, la Gran Inflación o como quieras llamarlo, esas partículas se separaron. Como cualquiera sabe (o debería saber para seguir entendiendo esta entrada), el entrelazamiento cuántico se produce a cualquier distancia, da igual lo grande que sea, así que dos partículas entrelazadas lo seguirán estando sin importar la distancia.

Según esta teoría, todas las partículas que forman tu cuerpo (electrones, protones, neutrones…) están entrelazadas a distancia con otras, con lo que existe un vínculo entre lo que forma el Tú y el resto del universo. Y eso significa que es posible que haya alguien, alguna persona sobre el planeta, que comparta alguno de los lazos cuánticos contigo.

Esa persona y tú, en cierto modo, estáis ligados de una manera mucho más profunda de la que podrías siquiera imaginar. Estáis entrelazados desde el inicio de los tiempos, antes de empezar a ser, y lo seguiréis estando aún después de que dejéis de ser. Qué hagas con ese vínculo es cosa tuya.

Es probable que nunca encuentres a alguien con quien compartas algo así, pero supongo que si eso ocurre, te darás cuenta. Algún espín en tu cuerpo reaccionará con el de la otra persona como uno sólo.

O quizá no. Quizá hayamos llegado a este mundo totalmente desgajados del resto en un nivel básico. Quizá caminemos por el mundo buscando nuestro par de espín, nuestro electrón del singlete, nuestro par de Cooper, y desgraciadamente, no exista. Somos solitarios grupos de partículas sin un compañero elemental, que inventamos nuestros propios motivos para agruparnos, porque no existe uno real para que eso ocurra.

Hay muchas formas de estar entrelazado con alguien hasta el fin de los tiempos, o al menos de tus tiempos. No todas requieren que la nucleosíntesis primordial os vinculase en la más íntima de las teorías cuánticas de campos. La mayoría ni siquiera requiere un nivel molecular o químico, sino una correspondencia de ondas sonoras o electromagnéticas capaces de resonar con las olas que recubren tu consciencia.

Quizá estemos tan solos como parece, así que o bien lo aceptamos, o bien luchamos contra ello. El ser humano ha superado barreras difíciles de imaginar en un intento de decirle a la Naturaleza: ¿Que no puedo? Te vas a enterar.

“No puedes salir de tu planeta, porque eres pequeño e insignificante con respecto a las grandes fuerzas gravitatorias”. Pues aquí tienes a Yuri Gagarin en el Vostok 1.

“No puedes vivir bajo el agua, porque tus pulmones sólo tienen capacidad para procesar oxígeno gaseoso en cierta concentración”. Habla con Jean-Michel Cousteau.

“No puedes levantar grandes cantidades de peso, porque tus brazos son frágiles, y tus músculos, insuficientes”. Ahí tienes la palanca y la polea.

“No puedes acceder al nivel inferior de la Naturaleza, por que es demasiado pequeño para tus dedos y ojos”. Los microscopios de efecto túnel dicen lo contrario.

“No puedes manipular el nivel inferior de la Naturaleza, porque el Principio de Incertidumbre te lo impide”. No obstante, el control cuántico coherente lo hace.

“No puedes volar”. Era mentira, como todo.

Si hemos conseguido superar obstáculos tan infranqueables con ingenio y perseverancia, con corazón y sueños, cómo no vamos a superar el más nimio de los desafíos de la Naturaleza:

“Estás solo, naciste solo y morirás solo”.

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