miércoles, 13 de marzo de 2013

Un baile



En algún momento, será imposible recordarnos.

En algún momento, miraré hasta lo más profundo de tu extraño iris, y no sabré qué estoy mirando.

En algún momento no seré capaz de conectar frases coherentemente.

En algún momento me dará miedo tropezarme.

En algún momento envidiaré a las estrellas enanas blancas, por poder brillar para siempre en su callada y apagada vida.

Pero me dijeron que las estrellas más brillantes se consumen más deprisa.

Me dijeron que nunca me movería más rápido que la luz de tus ojos.

Me dijeron tantas cosas… porque todo está lleno de reglas, querida.

Y si bien creí que venía aquí a aprender a romperlas, sólo he logrado conocer mis límites.

Y sé que la entropía se llevará mis pasos y el cabello del que ahora presumo.

Sé que la gravedad me tendrá atado para siempre a un pedazo de roca.

Sé que en algún momento dejaré de saber todas estas cosas, y dejaré de poder hacer otras muchas.

Por eso, antes de que quememos todo nuestro combustible, antes de que estallemos en la más solitaria explosión del universo, y muramos como agujeros en el vacío, nada en la nada, quería pedirte algo.

Quería pedirte una sonrisa, porque puede iluminar todo mi día.

Quería pedirte una mano, porque puede desenchufar la gravedad a mi alrededor.

Quería pedirte muchas cosas, pero iré paso a paso. Somos jóvenes, irradiando vida que quemamos en nuestros corazones de estrellas fugaces, y aunque no tenemos todo el tiempo del mundo, no lo necesitamos.

¿Me concede un baile, señorita?

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