Una vez puestos en orden los aspectos más esotéricos de la
Broma Cósmica, ha llegado la hora de hablar de cosas más terrenales. Como el
dolor.
El dolor nos acompaña de una manera natural como una
advertencia contra el peligro. Si nos quemamos el dedo con una sartén, nos
duele, porque si seguimos en esa situación un buen rato acabamos perdiendo un
dedo. No obstante, hay veces que el dolor es diferente. Es eso que llamamos
dolor emocional, o dolor espiritual. No duele en el sentido de afectar a
nuestros nervios, pero duele. Y encima, no nos defiende de ningún peligro.
¿O sí?
Es molesto, pero esta ahí por algo, se supone. Todo lo que
pertenece al ser humano es práctico y tiene utilidades biológicas que nos
permiten sobrevivir. Bueno, excepto esas cosas que heredamos de antepasados
evolutivos y que no nos sirven de nada, como ese último hueso en el coxis, o el
dedo meñique, o el pelo en el cuerpo. Viejas reliquias de viejos ancestros.
En el caso del dolor emocional, supongo que hay que tener
en cuenta que, o bien estas emociones son una herencia evolutiva, inútil para
la supervivencia pero que de vez en cuando nos duele (como el dedo meñique al
chocar contra la pata de una mesa), o que son parte de nosotros y realmente nos
duele porque algo malo nos está pasando.
¿Podemos morir de tristeza?
Bueno, una depresión no creo que ayude mucho a una persona
a salir adelante en la vida. Alguna vez he visto en documentales de fauna
situaciones sorprendentes (y tristes) de animales muriendo de una depresión.
Una madre leopardo que pierde a todas sus crías, por ejemplo, que dejó de cazar
y de comer.
Entonces, ¿Son las emociones necesarias para sobrevivir?
Sin emociones, ¿Funcionaría un ser vivo similar a
nosotros?
Está claro que cosas como el amor o la amistad ayudan a
formar grupos sociales fuertes, en el que los individuos se defienden
mutuamente y se ayudan en todo. Los seres sociales como los animales, por
tanto, tienen las emociones y los sentimientos como una herramienta de
supervivencia. Por eso nuestro cuerpo nos aguijona cada vez que nos sentimos
rechazados o menospreciados.
De modo que el dolor físico nos acompaña, pero hay que
entenderlo como algo positivo. Sin él perderíamos los dedos. Pero también el
dolor emocional es obligatorio y tiene su sentido. Para no quedarnos aislados y
perder nuestra capacidad de sobrevivir en grupo necesitamos de vez en cuando
sufrir a modo de advertencia.
Así que hay que convivir con el dolor, el dolor de todo
tipo, y aceptarlo como una herramienta de nuestro cuerpo, más o menos adecuada
para nuestros tiempos, que nos mantiene vivos y sanos. Los momentos más duros
de nuestra vida, son necesarios y hay que tomarlos como algo bueno, y no algo
malo. Acostumbrarnos a ellos, y casi apreciarlos. Menuda ironía. Parece una broma
pesada de algún científico chiflado. Una estúpida, y dolorosa, broma pesada.
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