Otro año más a mis espaldas. No acaba como empezó, porque ha sido un año de cambios. A mi alrededor las cosas han sido, si bien no turbulentas, sí un tanto impredecibles.
Me he llevado sorpresas, algunas gratas y otras más hirientes. He aprendido muchas cosas. Por ejemplo, he aprendido un poco de mecánica cuántica, un poco de la vida y un poco de las personas. He de decir que ambas tres son materias muy complicadas y aún no se de cuál se menos.
Ha habido cambios a pequeña y a gran escala en mi vida. Como pequeños cambios, ahora mi presidente es de derechas, he descubierto que odio Suiza y me he cambiado las gafas. Otros más importantes son que he empezado a notar que ahora necesito a gente a mi alrededor, o que el futuro está cada vez más cerca.
Sea como sea, este año me ha dejado huella. O mejor dicho, huellas. Sea por mi gente, por mi mundo o por mí mismo, todo ha cambiado. El motivo, a saber. Dicen que con sólo observar una cosa, cambia su estado. Los más eminentes físicos del mundo aún discuten por qué.
Yo desde luego lo he comprobado, de una manera muy metafórica, con las personas y con la vida. Si te las quedas mirando largo rato, cambiarán. Si reflexionas largo rato sobre ellas, cambiarán. Si intentas predecir cómo serán en un futuro, cambiarán.
Y todo sin que puedas comprender intrínsecamente por qué, y sin que puedas predecir hacia dónde, cuándo y de qué manera cambiarán. Y en cierto modo, no es frustrante, sino especial. Así son las cosas. Así son las personas, la vida, y los sistemas cuánticos.
Y todo ello lo he aprendido a lo largo de este año. Espero que el siguiente me enseñe nuevas lecciones, y que cambien muchas cosas. Al final resulta que gusta ver cambiar las cosas.
Feliz Año Nuevo.
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