Gamonal. Can Vies. Son nombres que resuenan porque son "victorias" del pueblo contra el gobierno opresor. Fíjense, fíjense que he puesto comillas a la palabra "victorias". Oh, pero si allí ganamos, ¿no? En Gamonal el alcalde paralizo la obra, igual que en Can Vies. Luego ganamos.
Pero no olvidemos que los ayuntamientos claudicaron tras violentas revueltas vecinales. Los intentos pacíficos, diplomáticos y tranquilos de llegar a una conclusión positiva fueron ignorados. Pasa en general con las manifestaciones actuales, hasta que no hay ostias no se les hace caso. Y entonces, se les hace mucho caso. Igual que con los escraches y demás broncas ciudadanas que dan mucho miedo y ponen las palabras ETA y Hitler en boca de los medios.
Así que las cosas son claras, o bien desde el gobierno se tiene que hacer caso a la gente cuando está calmada, o tienen que ignorar a los violentos, porque si no el mensaje es obvio. Es lo mismo que lo de no negociar con terroristas, el gobierno no debe promover actos violentos de ningún tipo, y esta clase de "victorias" son en realidad victorias de la agresividad frente a la diplomacia, de la violencia frente a las palabras, del descontrol frente al buen gobierno, del "mierda mierda mierda se nos ha ido de las manos" frente al "sabemos lo que hay que hacer".
La pasividad del gobierno frente a las buenas intenciones ciudadanas, y su rápida actuación contra la histeria colectiva es un problema serio. Los padres que hacen caso a sus hijos sólo cuando gritan y berrean son malos padres. Aunque claro, nadie dijo que nuestro gobierno fuese bueno.
Es el problema de las nuevas revoluciones ciudadanas. El 15M desde luego ilusionó a la gente, pero ya está. En una era en la que la gente puede protestar sin enseñar la cara y sin comprometerse, desde Twitter y Facebook, donde todas las opiniones parecen contar porque en Internet no se puede distinguir a un Doctor de un quinceañero, las revoluciones ciudadanas tienen horchata aguada en las venas. La gente sale a la calle gritando, con consignas sacadas de Twitter y carteles con memes y chistes, y luego llega esa gente que disfruta pegando a policías y rompiendo cosas. Y después, nada.
Estas "revoluciones" (he vuelto a usar comillas, fíjense) no son nada. No aspiran a nada. Son pataleos y berreos de gente triste porque, reconozcámoslo, nuestra sociedad es triste. Desde pequeños nos dijeron que podríamos ser cualquier cosa, y nos lanzamos a estudiar lo que nos gustaba. Somos la generación con mejores Filósofos, Filólogos, Físicos, Músicos, Biólogos, Psicólogos, Historiadores, Matemáticos, Periodistas y Artistas de la historia... pero eso no es lo que la sociedad necesita. Por eso, nosotros los Graduados y Licenciados en Falsos Sueños, con un Máster en Aspiraciones Nebulosas y un Posgrado en Autoestima Socialmente Aceptada, hemos intentado doctorarnos en Promesas de Futuro pero nos han denegado la beca por tener una media muy baja en Dura Realidad.
Somos esa generación sin rostro, porque de foto de perfil tenemos un gato con gafas de sol y frases graciosas en nuestra bibliografía. No somos la famosa Generación Perdida, sino la Generación Que Ve El Mundo Cambiar Y No Sabe Qué Hacer. Miramos las fotos de vacaciones de nuestros contactos y pensamos que son demasiado felices. Rebuscamos entre las nuestras en busca de las mejores, porque nadie quiere compartir sus momentos aburridos, y las posteamos. Damos buenas noticias por Facebook, usamos Demasiadas Mayúsculas para que Ciertos Eventos sean más importantes que otros. Filtramos nuestras vidas, porque las vidas filtradas de los demás nos hacen sentirnos inferiores.
Y nos quejamos. Salimos a la calle, imprimimos carteles que pegamos por ahí. Somos infelices, y como nuestro gobierno es una patata con barba que no sabe pronunciar bien la letra S nos enfadamos. Mientras, en otros países se fusila a gente por las calles por ser homosexuales pero eso es lo de menos. Nosotros lo pasamos muy mal y nadie nos contrata. En a tienda de zapatos de abajo no quieren un Doctor en Filología de las Lenguas Muertas pero Hermosas, sino alguien que cobre menos de lo que queremos cobrar y trabaje de algo aburrido que no soportaríamos. Porque hemos perdido muchísimos años de nuestra vida en carreras y sueños que nadie más perseguía y a nadie más interesaban. Y nos quejamos.
Hemos estado soñando por encima de nuestras posibilidades. Echa la culpa a tus padres que te decían que podrías hacer cualquier cosa, que lo importante es ser feliz. Cuando tu meta es ser feliz, el camino te disgusta porque no buscas disfrutarlo. Y encima el gobierno no te hace caso, no te representa, así que coges un ladrillo y te cargas el escaparate de un banco en el que trabajan otros Licenciados que no tienen la culpa de lo que te pasa. Pero un señor muy rico y muy lejos sí. O quizá no, quizá sólo tuvo mucha suerte de Estar Ahí porque Tú habrías hecho Lo Mismo de poder estar en Su Lugar. Quizá los ideales se mueren cuando cumples cierta edad y alcanzas cierto salario, y quizá por eso tenemos unos ideales tan firmes y acusamos al sistema de estar obsoleto.
Nos duele pensar que somos un pequeño porcentaje de la sociedad, y que no se puede cambiar un sistema tan bien y firmemente establecido. En las encuestas gritamos de felicidad cuando el partido más antisistema de los que hay ha sacado muchos escaños, aunque ignoramos el hecho de que eso no cambia nada. Sólo otro payaso diferente al que votar en el mismo circo en el que sólo tratamos de reír un poco. El cambio es posible, pero gradualmente, y nosotros tenemos prisa. Puede que en una o dos generaciones las cosas cambien, pero nosotros tenemos prisa. Queremos que todo cambie ya, queremos que nos hagan caso. Por eso no podemos esperar cuatro años para hacernos oír y salimos a la calle a llorar con la cabeza tapada, con una máscara de un personaje de una película.
Pero oye, que fotos más chulas quedan cuando se llena la Puerta del Sol con más de 200.000 personas. Aunque no olvidemos que a celebrar la final de la Champions fue mucha, mucha más gente, y eso que medio Madrid la había perdido. Madrid viven más de 4 millones de personas, una manifestación de 200.000 personas es el equivalente a que cinco personas en un curso de 100 protesten porque van a poner los exámenes en fin de semana y haya que aprobar con un 8 sobre 10, y los otros 95 no digan nada, o incluso apoyen la moción entre murmullos sentados, y se quejen de esos 5 pesados de siempre.
Las revoluciones están muertas, y eso el gobierno lo sabe. Por eso no hace caso a las manifestaciones, porque prefiere que estallen solas y la gente llore de rabia, y entonces ya se habla. O quizá son tontos. Ya sabes, no hay que achacar a la maldad lo que puede explicarse por la estupidez.

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