lunes, 12 de noviembre de 2012

Tribulaciones teológicas-informáticas


Otra vez me he retrasado en escribir. Ha sido una temporada densa, con bastantes decepciones y desilusiones, y no me apetecía ponerme a los mandos del teclado para relatar cosas. Pero bueno, ha llegado un día que sí, me apetecía descargar un poco el cerebro.
Lo primero, os voy a dar un regalito. Es una de esas maravillas de Internet que me ha mostrado una amiga, y que os puede dar para unos 20 minutos de vuestro tiempo:
No es más que Internet en estado puro. Simple, tonto y divertido. Internet es eso, un concepto simple, tonto y divertido, pero con una profundidad mucho mayor. Dicen que Internet pesa lo mismo que una fresa.
¿A qué se refieren con eso?
Bueno, cuando llenas la memoria de un disco duro, aumenta su peso un poco, por los bits que ocupan los 1 frente al peso de los 0. Si tenemos en cuenta la ingente cantidad de información de la red, vemos que ese peso es aproximadamente el de nuestra querida fruta roja.
El otro día hablé de que nuestro universo podía ser una simulación informática en un universo mayor, fruto de un ordenador tan poderoso que no podría explicarse en términos de nuestro propio universo. La malla de Planck o el límite de la velocidad de la luz son ejemplos que apoyan esta teoría, que a cuanto más vueltas le das, más parece una religión. Al final, se necesitará un acto de fe para demostrarlo…
¿O no?
Hay científicos trabajando en ello, curiosamente. Me pregunto quién les paga, porque la ciencia no se hace gratis.
Otra pregunta es, si se puede demostrar… ¿Qué pasará? Imagina que un programa de tu ordenador cobra consciencia de sí mismo y descubre que, de hecho, es un programa de ordenador. Yo me asustaría. Igual, en un ataque de miedo, lo apago.
Bueno, dejemos las teorías tan Matrix-teológicas, y despidámonos una vez más. Y seguid disfrutando de Internet, la mente colmena que formamos todos.
PD: A Internet le encantan los gatos. Debería hablar de ello en otra ocasión.

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