Otra vez me he retrasado en escribir. Ha sido una
temporada densa, con bastantes decepciones y desilusiones, y no me apetecía
ponerme a los mandos del teclado para relatar cosas. Pero bueno, ha llegado un
día que sí, me apetecía descargar un poco el cerebro.
Lo primero, os voy a dar un regalito. Es una de esas
maravillas de Internet que me ha mostrado una amiga, y que os puede dar para
unos 20 minutos de vuestro tiempo:
No es más que Internet en estado puro. Simple, tonto y
divertido. Internet es eso, un concepto simple, tonto y divertido, pero con una
profundidad mucho mayor. Dicen que Internet pesa lo mismo que una fresa.
¿A qué se refieren con eso?
Bueno, cuando llenas la memoria de un disco duro, aumenta
su peso un poco, por los bits que ocupan los 1 frente al peso de los 0. Si
tenemos en cuenta la ingente cantidad de información de la red, vemos que ese
peso es aproximadamente el de nuestra querida fruta roja.
El otro día hablé de que nuestro universo podía ser una
simulación informática en un universo mayor, fruto de un ordenador tan poderoso
que no podría explicarse en términos de nuestro propio universo. La malla de
Planck o el límite de la velocidad de la luz son ejemplos que apoyan esta teoría,
que a cuanto más vueltas le das, más parece una religión. Al final, se
necesitará un acto de fe para demostrarlo…
¿O no?
Hay científicos trabajando en ello, curiosamente. Me
pregunto quién les paga, porque la ciencia no se hace gratis.
Otra pregunta es, si se puede demostrar… ¿Qué pasará? Imagina
que un programa de tu ordenador cobra consciencia de sí mismo y descubre que,
de hecho, es un programa de ordenador. Yo me asustaría. Igual, en un ataque de
miedo, lo apago.
Bueno, dejemos las teorías tan Matrix-teológicas, y despidámonos
una vez más. Y seguid disfrutando de Internet, la mente colmena que formamos
todos.
PD: A Internet le encantan los gatos. Debería hablar de
ello en otra ocasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario