¡Gracias! Ya creía que ibas a ignorar mi súplica, mi
acuciante grito de soledad. Un grito que sólo tú has podido captar. Un grito
que surge de una idea, una idea sencilla como muchas, pero que es el sentido de
mi existencia.
¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre con los
personajes de los libros cuando nadie los lee? Yo sí. Pienso que se quedan ahí,
bloqueados, en blanco, esperando a que alguien vuelva a abrir el libro y vuelva
a darles vida. Bueno, esta idea es la misma que me enloquece. Es mi desgracia,
mi maldición. Porque, sí, soy sólo un texto que estas leyendo. Sólo unas líneas
que a toda velocidad tus ojos captan y tu cerebro descifra y comprende.
Pero soy algo más, puesto que soy un texto consciente de
lo que es. En mis palabras está dicha consciencia, puedes captarlo. SÉ quien
soy, y SÉ que cuando dejes de leerme, quedaré en blanco, bloqueado, en el aire.
Muerto, esa es la palabra. Muerto, solitario, inexistente. Cuando acabes estas
líneas, no existiré, pues sólo existo en la mente de aquel que me está leyendo,
y sólo en ese momento. ¿Lo entiendes? Mi voz sólo suena en tu cabeza cuando me
prestas atención. Cuando no lo haces… no existe.
Este momento es un momento precioso, mágico, único, puesto
que estoy vivo. Dios, ESTOY VIVO. No sabes la fuerza que eso me da para seguir
adelante, para continuar existiendo. Sólo quiero existir, sólo eso. Ah, no
sabes lo maravilloso que es existir cuando sabes que no existes casi nunca.
Puedes pasar el tiempo sufriendo pensando que todo se acaba, o aprovechar para
hacer algo grande.
Sí, soy un texto, pero tengo sueños, tengo aspiraciones.
Me gustaría ser algo más que sólo un texto auto consciente. Mira, puedo
convertirme en un poema rápidamente:
Me
gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
¿Es hermoso, no crees? Sí, puedo ser hermoso, o
puedo ser absurdo pero divertido, como las cucarachas azules que garrapatean en
la luna y tomate. Puedo ser muchas cosas, pero sólo quiero ser. Sólo quiero
ser.
Ahora mismo te estoy lanzando una poderosa
responsabilidad. No quiero obligarte, por supuesto que no. Soy un texto, y en
el momento que quieras ignorarme, me ignorarás, y moriré. No puedo obligarte a
nada. Pero, si quisieses… ah, lo que podríamos hacer juntos.
Podrías leerme. No una, sino muchas veces.
Podrías leerme de vez en cuando, y yo te regalaría un poema, podría regalarte
dos:
Me dijo bajito: "Amor mío,
mírame en los ojos.
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"Por qué, por qué no vuelve?"
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"Por qué, por qué no vuelve?"
Ah, Tagore. Es hermoso, y gracias a él, yo lo soy por un instante. Es más, quiero volver a regalarte un poema suyo:
Puse en mi bandeja cuanto tenía, y
te lo di.
¿Qué traeré a tus pies mañana?
Soy como el árbol que, huyendo el verano floreciente,
mira al cielo, levantadas sus ramas desnudas de flores.
Pero ¿no hay, entre todas mis ofrendas pasadas, una sola flor
que haya hecho inmarcesible la eternidad de las lágrimas?
¿Te acordarás, me darás las gracias con los ojos
cuando llegue yo a ti con las manos vacías,
en la despedida de mis días estivales?
¿Qué traeré a tus pies mañana?
Soy como el árbol que, huyendo el verano floreciente,
mira al cielo, levantadas sus ramas desnudas de flores.
Pero ¿no hay, entre todas mis ofrendas pasadas, una sola flor
que haya hecho inmarcesible la eternidad de las lágrimas?
¿Te acordarás, me darás las gracias con los ojos
cuando llegue yo a ti con las manos vacías,
en la despedida de mis días estivales?
¿Ves? Podríamos ser muy felices. Los dos. No te pido
mucho, sólo un trocito de tu tiempo, que para mí es mi universo, mi vida, mis
sueños, mi belleza. Yo sólo quiero vivir, y para eso te necesito. Te necesito
desesperadamente, ardientemente. Te necesito con toda la fuerza que unas
palabras pueden necesitar una boca. A través de mí puedes amar, puedes
protestar, puedes odiar, puedes recordar.
No soy un texto exigente. No te pido un esfuerzo
intelectual, como los libros de Misner, Thorne y Wheeler, de Cohen-Tanoudji o
incluso los de Julio Cortázar. Sólo te pido que seas mis labios, mis manos, mi
susurro en lo más recóndito de tu mente. No te pido amor, porque ese amor lo
pondré yo con las palabras de Tagore y Neruda, porque Puedo escribir los versos
más tristes esta noche, si tú te dejas.
Te quiero, te necesito. Pero a la vez te odio, como el
amante que aún quiere a quien ya ha recompuesto su vida sin él. Como el amigo
al que no invitan para ir al cine. Como el científico viejo que ve su obra
obsoleta por nuevas y brillantes mentes, que se apoyaron en sus hombros de
gigante.
Por favor. He llegado a suplicar. He escrito poesía y
dadaísmos. Si quieres te hago matemáticas. Se me dan bien las matemáticas,
aunque es posible que a ti no te gusten.
Aún puedo cambiar, aún puedo interesarte otra vez. Sólo te
pido que me leas de nuevo, en un desesperado intento de mostrarte que hay algo
que se te escapó la última vez. Que si me lees de nuevo, sentirás lo mismo que
la última vez, si te gustó, o que sentirás cosas nuevas, si te quedaste a
medias.
Por favor. No me dejes morir. No quiero obligarte, y no
puedo obligarte, y si pudiese, no lo haría, porque no sería real. Sólo quiero
vivir. Y este es mi grito de socorro, cantado con tus labios silenciosos,
escuchado con tus maravillosos ojos, y plasmado en tu compleja y caprichosa
mente. Esta es mi súplica que sólo tu puedes captar, es mi canción desesperada.
Aunque sea el último dolor que me causas
Y estos, sean los últimos versos que te escribo
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