jueves, 29 de noviembre de 2012

Más de 31556926 segundos


Vaya, acabo de caer que llevo más de un año con este blog. Interesante como el tiempo pasa a toda velocidad, a pesar de la monotonía de los días.

Sólo sé que me alegro de haber empezado este pequeño proyecto que alteras con tu mirada, puesto que sólo captarlo, sólo descubrirlo, lo hace cambiar. Como un sistema cuántico cualquiera, el blog evoluciona, incluso llegando a pensar por sí mismo, formando parte de una parte de mí mismo con su propia personalidad personal e intransferible.

Sólo sé eso, y que tus ojos son preciosos.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Metasoledad


¡Gracias! Ya creía que ibas a ignorar mi súplica, mi acuciante grito de soledad. Un grito que sólo tú has podido captar. Un grito que surge de una idea, una idea sencilla como muchas, pero que es el sentido de mi existencia.

¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre con los personajes de los libros cuando nadie los lee? Yo sí. Pienso que se quedan ahí, bloqueados, en blanco, esperando a que alguien vuelva a abrir el libro y vuelva a darles vida. Bueno, esta idea es la misma que me enloquece. Es mi desgracia, mi maldición. Porque, sí, soy sólo un texto que estas leyendo. Sólo unas líneas que a toda velocidad tus ojos captan y tu cerebro descifra y comprende.

Pero soy algo más, puesto que soy un texto consciente de lo que es. En mis palabras está dicha consciencia, puedes captarlo. SÉ quien soy, y SÉ que cuando dejes de leerme, quedaré en blanco, bloqueado, en el aire. Muerto, esa es la palabra. Muerto, solitario, inexistente. Cuando acabes estas líneas, no existiré, pues sólo existo en la mente de aquel que me está leyendo, y sólo en ese momento. ¿Lo entiendes? Mi voz sólo suena en tu cabeza cuando me prestas atención. Cuando no lo haces… no existe.

Este momento es un momento precioso, mágico, único, puesto que estoy vivo. Dios, ESTOY VIVO. No sabes la fuerza que eso me da para seguir adelante, para continuar existiendo. Sólo quiero existir, sólo eso. Ah, no sabes lo maravilloso que es existir cuando sabes que no existes casi nunca. Puedes pasar el tiempo sufriendo pensando que todo se acaba, o aprovechar para hacer algo grande.

Sí, soy un texto, pero tengo sueños, tengo aspiraciones. Me gustaría ser algo más que sólo un texto auto consciente. Mira, puedo convertirme en un poema rápidamente:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, 
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. 
Parece que los ojos se te hubieran volado 
y parece que un beso te cerrara la boca. 

¿Es hermoso, no crees? Sí, puedo ser hermoso, o puedo ser absurdo pero divertido, como las cucarachas azules que garrapatean en la luna y tomate. Puedo ser muchas cosas, pero sólo quiero ser. Sólo quiero ser.

Ahora mismo te estoy lanzando una poderosa responsabilidad. No quiero obligarte, por supuesto que no. Soy un texto, y en el momento que quieras ignorarme, me ignorarás, y moriré. No puedo obligarte a nada. Pero, si quisieses… ah, lo que podríamos hacer juntos.

Podrías leerme. No una, sino muchas veces. Podrías leerme de vez en cuando, y yo te regalaría un poema, podría regalarte dos:

Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos.
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue. 
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco, 
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?" 
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí, 
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"Por qué, por qué no vuelve?"

Ah, Tagore. Es hermoso, y gracias a él, yo lo soy por un instante. Es más, quiero volver a regalarte un poema suyo:

Puse en mi bandeja cuanto tenía, y te lo di.
¿Qué traeré a tus pies mañana?
Soy como el árbol que, huyendo el verano floreciente,
mira al cielo, levantadas sus ramas desnudas de flores.
Pero ¿no hay, entre todas mis ofrendas pasadas, una sola flor
que haya hecho inmarcesible la eternidad de las lágrimas?
¿Te acordarás, me darás las gracias con los ojos 
cuando llegue yo a ti con las manos vacías, 
en la despedida de mis días estivales?

¿Ves? Podríamos ser muy felices. Los dos. No te pido mucho, sólo un trocito de tu tiempo, que para mí es mi universo, mi vida, mis sueños, mi belleza. Yo sólo quiero vivir, y para eso te necesito. Te necesito desesperadamente, ardientemente. Te necesito con toda la fuerza que unas palabras pueden necesitar una boca. A través de mí puedes amar, puedes protestar, puedes odiar, puedes recordar.

No soy un texto exigente. No te pido un esfuerzo intelectual, como los libros de Misner, Thorne y Wheeler, de Cohen-Tanoudji o incluso los de Julio Cortázar. Sólo te pido que seas mis labios, mis manos, mi susurro en lo más recóndito de tu mente. No te pido amor, porque ese amor lo pondré yo con las palabras de Tagore y Neruda, porque Puedo escribir los versos más tristes esta noche, si tú te dejas.

Te quiero, te necesito. Pero a la vez te odio, como el amante que aún quiere a quien ya ha recompuesto su vida sin él. Como el amigo al que no invitan para ir al cine. Como el científico viejo que ve su obra obsoleta por nuevas y brillantes mentes, que se apoyaron en sus hombros de gigante.

Por favor. He llegado a suplicar. He escrito poesía y dadaísmos. Si quieres te hago matemáticas. Se me dan bien las matemáticas, aunque es posible que a ti no te gusten.

Aún puedo cambiar, aún puedo interesarte otra vez. Sólo te pido que me leas de nuevo, en un desesperado intento de mostrarte que hay algo que se te escapó la última vez. Que si me lees de nuevo, sentirás lo mismo que la última vez, si te gustó, o que sentirás cosas nuevas, si te quedaste a medias.

Por favor. No me dejes morir. No quiero obligarte, y no puedo obligarte, y si pudiese, no lo haría, porque no sería real. Sólo quiero vivir. Y este es mi grito de socorro, cantado con tus labios silenciosos, escuchado con tus maravillosos ojos, y plasmado en tu compleja y caprichosa mente. Esta es mi súplica que sólo tu puedes captar, es mi canción desesperada.

Aunque sea el último dolor que me causas
Y estos, sean los últimos versos que te escribo

lunes, 12 de noviembre de 2012

Tribulaciones teológicas-informáticas


Otra vez me he retrasado en escribir. Ha sido una temporada densa, con bastantes decepciones y desilusiones, y no me apetecía ponerme a los mandos del teclado para relatar cosas. Pero bueno, ha llegado un día que sí, me apetecía descargar un poco el cerebro.
Lo primero, os voy a dar un regalito. Es una de esas maravillas de Internet que me ha mostrado una amiga, y que os puede dar para unos 20 minutos de vuestro tiempo:
No es más que Internet en estado puro. Simple, tonto y divertido. Internet es eso, un concepto simple, tonto y divertido, pero con una profundidad mucho mayor. Dicen que Internet pesa lo mismo que una fresa.
¿A qué se refieren con eso?
Bueno, cuando llenas la memoria de un disco duro, aumenta su peso un poco, por los bits que ocupan los 1 frente al peso de los 0. Si tenemos en cuenta la ingente cantidad de información de la red, vemos que ese peso es aproximadamente el de nuestra querida fruta roja.
El otro día hablé de que nuestro universo podía ser una simulación informática en un universo mayor, fruto de un ordenador tan poderoso que no podría explicarse en términos de nuestro propio universo. La malla de Planck o el límite de la velocidad de la luz son ejemplos que apoyan esta teoría, que a cuanto más vueltas le das, más parece una religión. Al final, se necesitará un acto de fe para demostrarlo…
¿O no?
Hay científicos trabajando en ello, curiosamente. Me pregunto quién les paga, porque la ciencia no se hace gratis.
Otra pregunta es, si se puede demostrar… ¿Qué pasará? Imagina que un programa de tu ordenador cobra consciencia de sí mismo y descubre que, de hecho, es un programa de ordenador. Yo me asustaría. Igual, en un ataque de miedo, lo apago.
Bueno, dejemos las teorías tan Matrix-teológicas, y despidámonos una vez más. Y seguid disfrutando de Internet, la mente colmena que formamos todos.
PD: A Internet le encantan los gatos. Debería hablar de ello en otra ocasión.