Alivio por quitarme un peso de encima.
Sensación de libertad al estar por fin de vacaciones de verdad. Alegría al
aumentar las probabilidades de conseguir la beca. Satisfacción por la última
mirada que le dirigí al profesor al entregar el examen. Todo ello me hizo salir
de la facultad con una sonrisa ligeramente imborrable.
Pero nada de ello es comparable a la sensación
de trabajo bien hecho, al saber que sí, que lo he conseguido, que he superado
el bache con la frente bien alta. Son sentimientos insignificantes comparados
con la poderosa idea de que me he superado a mí mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario