Hace poco me hice una pregunta: ¿Es este un buen momento
en la historia para estar vivo? ¿Mi vida transcurrirá en una buena franja
histórica?
Bueno, lo primero es decidir a qué me refiero con un buen
momento de la historia. Está claro que respecto a nivel de vida, es el mejor
que ha habido hasta ahora. Por mucho que nos duela la democracia actual, sigue
siendo mejor que lo que había hace 40 o 50 años, y está claro que las
comodidades actuales, la medicina y similares, pese a lo mucho que nos quejemos
de ellas, son mejores y mejores año tras año.
La ciencia sigue en su mejor momento. Puede que no estemos
en el pináculo de los descubrimientos, como ocurrió a principios del siglo
pasado, pero cada día grandes mentes y grandes trabajadores de la ciencia descubren
miles de cosas nuevas. Igual ya no se pueden descubrir cosas como la vacuna de
la viruela, o la gravedad, pero aún así el universo sigue siendo un misterio
que vamos despejando poco a poco. Y debajo de cada nuevo descubrimiento, surgen
nuevas ramas del conocimiento por avanzar. La astrofísica no deja de
preguntarse qué es la materia oscura, y el descubrimiento del genoma humano a
principio del siglo XXI ha potenciado la imaginación de toda una nueva
generación de médicos, biólogos y biotecnólogos.
Internet, además de vídeos de gatos, pornografía y
Facebook, también incluye obras maestras de la sabiduría. Wikipedia, por
ejemplo, y pese a todas las críticas, es una auténtica biblioteca de
conocimientos, y eso si no profundizamos a páginas webs más técnicas. El potencial
de una conexión entre todas las personas aún está inexplorado. El futuro de la
informática y la Red sólo puede traer fascinantes sorpresas.
Y si bien los científicos, ingenieros e informáticos aún
tienen mucho emocionante trabajo por delante, no son los únicos para los cuales
el día de hoy no sea el mejor que podían haber pedido. La crisis económica,
social y moral que es portada de casi todos los días de nuestras vidas también
puede ser vista como una fuente de oportunidades. El cambio es bueno, y el
mejor momento para cambiar es por supuesto cuando las cosas van mal. Cuando se
descubren los errores del sistema, hay que asegurarse de remediarlos. Quizá el
estado del bienestar esté conseguido, y no haya muchos más derechos que conseguir,
pero está claro que estos días son buenos para las Revoluciones. Sea en las
soleadas plazas del sur de Europa, o en las áridas calles del norte de África.
Los corazones idealistas ven llegar su momento de actuar. Es
un buen momento para soñar y luchar por los sueños. Tenemos las herramientas
para hacerlo, muchas más de las que había hace doscientos años, pero nos falta
el impulso. No nos morimos por pensar lo que pensamos, por lo que no parece un
asunto de vida o muerte ver nuestros deseos cumplidos. No obstante, en otros
lugares las Revoluciones implican dolor, guerra y muerte, pero ahí están,
luchando y triunfando frente a la pasividad de nuestras ciudades primermundistas.
Quizá al no ver más allá de nuestro ombligo pensamos que
ya nadie lucha por la libertad, por los sueños y por los derechos de las
personas. Pensamos que nos da igual a todos. Pero más allá de nuestras
fronteras, sigue ardiendo la llama de los idealistas, lejos de nuestros helados
cinismo y civismo.
Que sea un buen o un mal momento, a mi parecer, depende de
nosotros mismos, los que vivimos estos instantes, y que debemos hacer de este
mundo uno mejor, y de esta época, una época de cambio y crecimiento en todos
los sentidos. Siempre es un buen momento para esforzarse y querer cambiar el
mundo, sólo se necesitan sueños, valor y constancia.
Hay muchas maneras de plantearse si hemos nacido en la
época adecuada, en un buen momento. Bueno, mi opinión es clara. ¿Y la vuestra?
¿Sois hijos de vuestra época o preferís pensar en el pasado o el futuro, en los
cuales por cierto no vivís?
No hay comentarios:
Publicar un comentario