El otro día leí por ahí un caso interesante. Se hablaba de
casos de recurrencia naturales, llegando a bucles infinitos, y para mi sorpresa,
salió un asunto de partículas que me llamó mucho la atención.
El caso es el siguiente: tenemos un electrón yendo de A
hacia B. En ese trayecto, genera un fotón virtual (esto es, que el electrón lo
crea y lo reabsorbe antes de llegar a B, por lo que no podemos medirlo).
La idea está en que este fotón, en su camino virtual,
genere un positrón y otro electrón. Es decir, una partícula y su antipartícula.
Para los físicos de partículas: no os agobiéis porque sea un
solo fotón… podemos suponer, por ejemplo, que no estamos en el vacío, o que se generan
2 fotones virtuales. Por otra parte, suponemos que el electrón viaja a gran velocidad,
y que de ahí surge la energía para generar los fotones tan energéticos. La
discusión no está en eso.
Teniendo en cuenta la nota añadida, esto es posible,
siempre y cuando ese par de partículas se aniquile más adelante y nos devuelva
el fotón, que será reabsorbido por el electrón inicial antes de llegar a B.
De modo que tenemos un electrón (lo llamaremos e) que ha generado
un electrón (e’) y un positrón (p’)… pero este segundo electrón puede emitir un
fotón virtual que genere de nuevo otro par (e’’ y p’’) y ese tercer electrón,
igualmente hacer lo propio (e’’’ y p’’’), de modo que podríamos tener una
ingente maraña de partículas viajando de A hasta B, entrelazadas entre ellas,
como madres e hijas.
Este enjambre de partículas en cierto momento, y antes de
llegar al punto B (punto en el que mediremos), arreglará el lío que han montado
aniquilándose los pares electrón-positrón y dejándonos de nuevo con nuestro
solitario electrón, llegando al punto B con una sonrisa inocente, como si la
orgía de fotones alocados y lascivos pares explosivos no hubiese ocurrido…
En cierto modo (si no me equivoco, ya que mi conocimiento
en partículas es reducido) sí podemos saber qué ha hecho nuestro electrón
travieso. Hay modos de calcular y predecir todas las acciones antes comentadas,
ya que, como es obvio, algo habrá ocurrido. Algo habrá afectado al universo, aunque
en B no midamos nada más que nuestro e sonrosado y solitario.
Por supuesto,
cuanto más nos alejamos del e original, menos probable es que ocurran las
transiciones, y por tanto aportan menos al cálculo final. De hecho, con
quedarnos en un primer nivel (e’ y p’) suele ser suficiente (ey, somos físicos,
vamos a matar términos de alto orden).
Pero, con una ínfima probabilidad, ahí está esa maraña de
partículas virtuales e imaginarias, jugando, saltando y chocando unas con
otras. Y todo ello ha salido de un único electrón mientras no lo medíamos.
Imaginad todo lo que ocurre cuando no miramos. Todas las maravillas que nos
estamos perdiendo. Todas las travesuras que la naturaleza nos oculta amparadas
en su principio de incertidumbre.
Que rabia. Es como una fiesta a la que no estamos invitados, en las que sabemos que todo el mundo se lo pasa genial (y acaban aniquilándose mutuamente, que en el reino subatómico debe ser como echar un polvo) y ocurren cosas maravillosas.
Aún así, esto sólo es otra muestra de que el mundo sigue siendo un lugar fascinante.

