miércoles, 15 de febrero de 2012

Prólogo a: La Broma Cósmica

Paso uno. Oír la broma.
Como primer paso, es importante. Si no oyes la broma, no tendrá ningún efecto. Parece trivial, pero no lo es. Hay gente que no ha oído en su vida una buena broma, quizá porque no ha podido, quizá porque no ha querido.

Paso dos. Entender la broma.
Esto implica de algún modo reconocer el humor en ella e identificar que es gracioso, pero no sólo eso. Puedes saber que algo es gracioso y no sentir ninguna gracia, pero puedes sentir el humor en cosas que no te parezca que tenga gracia. De algún misterioso modo, hay cosas que te hacer reír, y cosas que no. En las leyes de la naturaleza, de la física, de las matemáticas, no hay nada que nos indique qué nos hace gracia, si bien todos tenemos alguna idea de ello. Descubrir lo divertido de una broma y sentir que es gracioso tiene un componente muy místico en cierto modo. Estoy seguro de que en un tiempo los neurobiólogos, psicólogos y demás gente que estudia las cabezas acabará entendiendo el humor de una manera científica. Serán capaces de crear una pastilla, un programa informático, o quién sabe, igual una palabra o un sonido concreto, que nos haga reír sin parar. Pero hasta entonces, filosofearé acerca del tema.

Paso tres. Reír.
Puedes reír por muchos motivos, pero siempre son buenos. Desde la risa contagiosa, a la risa de pura alegría, hasta la risa histérica. En cierto modo, incluso en los momentos más duros, reír tiene su efecto positivo: alegrarte, rebajar tensión, o despejar nerviosismo. Reír tiene su importancia clave, ya que es capaz de acabar con los pilares de cualquier cosa. Reírse de algo le quita importancia, por importante que sea. La magia del humor y las bromas.

Estos son, a mi parecer, los tres pasos de una broma. Primero la oyes, luego la entiendes y luego te ríes. Cuando hablo de oír me refiero a recibirla, por supuesto. Hay bromas que se oye, que se ven, que se huelen. Precisamente yo pienso hablar de un tipo de broma que más que verla u oírla, se siente. Es lo que yo llamo la Broma Cósmica. Un nombre que se le ha dado muchas veces a una realidad que, creo yo, no es única a mí. No creo que sea el primero ni el último que piensa en ella, ni que hable de ella, pero quiero describir lo que significa para mí y compartirlo con vosotros. Llevo una temporada pensando en el tema, y creo que es una buena idea de la cual hablar. Iré añadiendo cosas con el tiempo, creando este ensayo acerca de algo tan trivial, pero tan trascendental. O por lo menos para mí.

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