jueves, 23 de febrero de 2012

Primera parte: La Broma Genética

Para empezar con esta discusión remontémonos a un momento muy particular. En ese momento aún no existís. Sois sólo dos mitades de código genético con una minúscula probabilidad de coincidir. No sólo porque la probabilidad de que esas dos mitades puedan coincidir sea minúscula, sino porque en el proceso, también la probabilidad es minúscula a su vez.

Me explico.

Nos remontamos a un tiempo en el que sois un óvulo y un espermatozoide. En realidad no sois, sino que sois en potencia, sin ser aún. Complicadas palabras para decir que si los dos gametos no se reúnen, dejáis de existir. Tiene que ocurrir que en el momento en el que el óvulo con el cual podéis existir exista al mismo tiempo que el espermatozoide con el cual podéis existir. Esto no es trivial, estamos hablando de una coincidencia en el tiempo casi milagrosa.

Que vuestro padre y vuestra madre se conociesen ya es suficiente casualidad como para no apostar por ello en un casino, y ojo, no digo nada en contra de vuestros padres, es pura estadística. Que dos individuos, entre los seis o siete miles de millones en el globo, se conozcan y tengan un hijo o una hija en un momento concreto, es de una probabilidad muy pequeña. Estamos hablando de una probabilidad entre varios millones.

Pero aún más intrigante es que, precisamente, sea en ese mismo momento en el cual sí podéis existir, en ese momento en el que el óvulo X y el espermatozoide Y son coincidentes en el tiempo, en el que vuestros padres deciden, digámoslo con tacto, reunirlos. Y en una auténtica lotería, uno de los miles de millones de espermatozoides, precisamente el espermatozoide Y, alcanza el primero el óvulo X. Y entonces, empezáis a existir.

Esto es tan mínimo, tan despreciable, que realmente podemos decir que, de una manera biológica, no existís, y no existo yo. La probabilidad de que existamos, teniendo en cuenta la biología (y haciendo los números a lo gordo sin conocer datos reales), es minúscula. Una apuesta terrible. Una casualidad tremenda. Una fluctuación química, orgánica, biológica. Una broma, eso es lo que eres. Una broma genética.

Pero esa broma que eres, esa absolutamente inexistente probabilidad de que existas, ha sido suficiente. Esa fluctuación despreciable del universo condensada en tu existencia es todo lo que ha hecho falta. Tú eres tú leyendo este blog, y yo soy yo al otro lado del ordenador. Todos y cada uno de tus instantes, es un regalo al universo, un suspiro en el huracán. Invisible, inexistente, pero ahí está. Ahí estás. Ahí estoy.

Puedes sentirme, puedes verme. Podemos rozar nuestros dedos, aunque lo que vivimos no es más que una probabilidad prestada. Todas las palabras que te digo y te diré, todas las miradas que cruzamos, son un momento tan increíble, que no comprendo por qué lo solemos ignorar. Por qué, si nuestra vida es una tirada en un dado de miles de millones de caras, no celebramos que hemos ganado.

Eso, mi adorable, fascinante, y querida broma genética, me hace sonreír y sentir un poderoso impulso de reírme. Aunque no se realmente por qué.

 

miércoles, 15 de febrero de 2012

Prólogo a: La Broma Cósmica

Paso uno. Oír la broma.
Como primer paso, es importante. Si no oyes la broma, no tendrá ningún efecto. Parece trivial, pero no lo es. Hay gente que no ha oído en su vida una buena broma, quizá porque no ha podido, quizá porque no ha querido.

Paso dos. Entender la broma.
Esto implica de algún modo reconocer el humor en ella e identificar que es gracioso, pero no sólo eso. Puedes saber que algo es gracioso y no sentir ninguna gracia, pero puedes sentir el humor en cosas que no te parezca que tenga gracia. De algún misterioso modo, hay cosas que te hacer reír, y cosas que no. En las leyes de la naturaleza, de la física, de las matemáticas, no hay nada que nos indique qué nos hace gracia, si bien todos tenemos alguna idea de ello. Descubrir lo divertido de una broma y sentir que es gracioso tiene un componente muy místico en cierto modo. Estoy seguro de que en un tiempo los neurobiólogos, psicólogos y demás gente que estudia las cabezas acabará entendiendo el humor de una manera científica. Serán capaces de crear una pastilla, un programa informático, o quién sabe, igual una palabra o un sonido concreto, que nos haga reír sin parar. Pero hasta entonces, filosofearé acerca del tema.

Paso tres. Reír.
Puedes reír por muchos motivos, pero siempre son buenos. Desde la risa contagiosa, a la risa de pura alegría, hasta la risa histérica. En cierto modo, incluso en los momentos más duros, reír tiene su efecto positivo: alegrarte, rebajar tensión, o despejar nerviosismo. Reír tiene su importancia clave, ya que es capaz de acabar con los pilares de cualquier cosa. Reírse de algo le quita importancia, por importante que sea. La magia del humor y las bromas.

Estos son, a mi parecer, los tres pasos de una broma. Primero la oyes, luego la entiendes y luego te ríes. Cuando hablo de oír me refiero a recibirla, por supuesto. Hay bromas que se oye, que se ven, que se huelen. Precisamente yo pienso hablar de un tipo de broma que más que verla u oírla, se siente. Es lo que yo llamo la Broma Cósmica. Un nombre que se le ha dado muchas veces a una realidad que, creo yo, no es única a mí. No creo que sea el primero ni el último que piensa en ella, ni que hable de ella, pero quiero describir lo que significa para mí y compartirlo con vosotros. Llevo una temporada pensando en el tema, y creo que es una buena idea de la cual hablar. Iré añadiendo cosas con el tiempo, creando este ensayo acerca de algo tan trivial, pero tan trascendental. O por lo menos para mí.

martes, 7 de febrero de 2012

La identidad de Euler.

Hoy voy a hablar de mi fórmula favorita de las matemáticas. La fórmula de Euler, también conocida como identidad de Euler. Para variar un poco, esta vez no hay moralejas, ni historias que persiguen ser bellas. A quien le gusten las matemáticas como a mí sabrá que no hace falta buscarle la belleza a esta entrada. Poco, o nada, puedo hacer yo para engrandecer aún más la siguiente expresión:



Es, en mi opinión la fórmula más exquisita de todas. No soy un matemático, solamente alguien a quien le gustan las matemáticas, así que no puedo dar una opinión de rigor, lo cual tampoco es una novedad.

La elegancia y belleza de esta fórmula radica en que en ella aparecen los cinco números más importantes de las matemáticas. El uno, el cero, el número π, la unidad imaginaria i y el número e. En lo que queda de entrada voy a explicar por qué son tan importantes. Aviso, vienen parrafadas densas con contenido matemático.

El uno es un número que todo el mundo conoce. Es la unidad. Todos los números enteros se pueden crear sumando unos. También es el elemento neutro del producto. Esto significa que cualquier número multiplicado (o dividido) por uno da el mismo número. Esto quiere decir, además, que todos los números son divisibles por uno, hasta los números primos. Como un dato añadido, cualquier número elevado a cero da uno, sin importar cuál sea. Todo esto y mucho más coloca al 1 como, probablemente, el número más importante de todos.

Si hay algún número que puede quitarle ese honor, es el cero. El cero es el elemento neutro de la suma, por lo que si a cualquier número le sumamos o restamos cero, da el mismo número. No sólo eso, si multiplicamos un número cualquiera por cero, da cero. Si dividimos cero entre cualquier número, da cero. Si elevamos cualquier número a cero, da uno, como ya dijimos antes. El cero indica la nada, el conjunto vacío, el no frente al si que suele representar el 1 (como en informática). El cero sería el malo de la película de los números. Pero no es el malo, de hecho sin él, las matemáticas carecerían de una de sus herramientas más potentes.

El número pi, representado por el símbolo π, es también muy conocido en cualquier público, incluso si está poco versado en ciencias. El número pi es el número circular. Representa las circunferencias, los círculos, las esferas, y todos sus equivalentes en dimensiones más altas (y más abstractas). Esto es muy importante, porque en el mundo real, debido a sus propiedades matemáticas y a las leyes de la naturaleza, estas figuras son omnipresentes. Por poner un ejemplo, todo lo que gira lo hace de manera circular, y en el universo muchas cosas giran. Como un apunte más, el número pi (en campos más concretos) también se utiliza en trigonometría continuamente. Todo esto hace al número π el, probablemente, número más importante de la geometría.

La unidad imaginaria, más conocida como número i tiene peor fama. La mayor parte de la gente que ha oído hablar de él lo conoce como la raíz de -1, un número sin sentido y que no tiene ninguna utilidad. Como su sólo nombre indica, no es un número real, sino un número imaginario. Pero en realidad, el número i tiene más en común con un signo que con un número, y se podría considerar un tercer signo, con propiedades diferentes del signo positivo y el negativo, propiedades muy interesantes y reales. De hecho, da lugar a todo un campo de las matemáticas, tan grande como los números reales (o mayor): los números complejos. Lejos de no tener ningún sentido, en el universo aparecen de manera natural números imaginarios y complejos continuamente, pero de una manera sutil y no evidente. La fórmula de Euler, la fórmula de la que estamos hablando, es precisamente la principal llave que conecta el plano complejo con el real a través de la trigonometría, los ángulos y las fases.

Por último, el número e. El más desconocido de los cinco con mucho, es el número por excelencia del cálculo diferencial e integral. Para todo aquel que no ha tenido (y probablemente no ha necesitado) una formación mayor en matemáticas, el número e es un desconocido, como lo son el cálculo diferencial e integral. Es un número que tiene una fuerte conexión con el infinito, al aplicar límites, derivadas, integrales y series infinitas aparece continuamente, de una manera u otra. Su nombre proviene del matemático que lo popularizó y descubrió muchas de sus fabulosas propiedades matemáticas, Leonhard Euler, el mismo Euler de nuestra Fórmula de Euler.

Ya de por sí la fórmula es muy potente, juntando dos importantes campos de las matemáticas como son el análisis complejo y la trigonometría, pero, como si no fuese suficiente, en esta fórmula aparecen los cinco números más importantes de todas las matemáticas. Sólo podía ser más maravillosa si apareciese el número áureo por algún lado, pero me temo que era demasiado. Ya le dedicaré un rato a ese número tan maravilloso en otro momento.

En matemáticas se utiliza el término “elegante” para referirse a un resultado, concepto o método que, siendo lo más sencillo posible, traiga consigo un conocimiento muy amplio o muy profundo. No sé qué pensarán los matemáticos de mi afirmación, pero para mí, esta es la fórmula más elegante que jamás he visto.