sábado, 31 de mayo de 2014
Sombras y fronteras para crear un Frankenstein que sonríe
Imaginad estar dentro de un contenedor con agua a la misma temperatura que tu cuerpo, insonorizado y a oscuras. Al cabo de un rato, te será imposible diferenciarte del entorno, dando la sensación de que te diluyes. Necesitas algo para distinguirte, algo que te haga sentir que estás ahí, y ese algo eres tú mismo. No es una chorrada de autoayuda, quiero decir que tienes que usar el único sentido que aún te funciona para distinguir la frontera que te separa del entorno: el tacto.
Algo así es a lo que me refiero. Para sentir que soy algo diferente a mi entorno, tengo que saber dónde está mi frontera. Muchas veces me da la sensación de que mi personalidad no es del todo real, sino que es una mezcla de cosas de las personas que me han rodeado. Mi manía de dar datos innecesarios y alargar las historias más de la cuenta me viene de mi padre, mi escepticismo y hábito de hablar cortante viene de mi madre y mis tíos de parte materna, así como el hacerme muchas veces el tonto para caer bien o evitar conflictos. El exagerar y hacer tonterías me viene de viejos amigos con los que ya perdí el contacto, y las discusiones acaloradas en las que todos nos decimos cosas muy fuertes justo antes de hacer un chiste y que no haya pasado nada es algo que es común en mis amigos actuales. Mi forma de sonreír es una mezcla frankensteniana de sonrisas de diferentes personas, y dependiendo del momento uso más una u otra. Las miradas y otros muchos gestos faciales que hago también son copia de gestos de otras personas. Creo que no conozco a nadie que haga las mismas cosas con las manos que yo cuando me pongo nervioso o emocionado, o que esté tan constantemente jugando con los dedos y mordisqueando cosas. En demasiados aspectos yo y mi hermano somos mitades de un mismo ser, y lo mismo puedo decir de muchas de mis amistades cercanas, que actuamos de la misma forma, porque somos elementos de una especie de red que nos une en la forma de pensar.
Con todas estas piezas, que no me pertenecen, he hecho un puzle que es mi cabeza y mi forma de ser. Cuando me pongo existencial (muy a menudo, me temo) me paro a pensar en qué es lo que soy yo, aparte de el conjunto de todas las sombras que la gente que me ha rodeado ha proyectado sobre mí. Y entonces descubro que lo que me diferencia de los demás es mi frontera.
Porque todos arrojamos sombras, todos causamos impresiones en nuestros conocidos, y seguramente haya gente que me ha copiado los gestos y las expresiones que yo he copiado a otra gente. Lo que me diferencia de los demás es lo que yo me quedo para mí, lo que yo decido hacer mío (si es que acaso lo decido, que no creo que sea así sino que sencillamente soy así). Lo que me hace único es qué cosas de los demás se quedan dentro de mi forma de ser y no pueden escapar.
Es una forma de verlo, sencillamente. Así siento que tengo una cierta individualidad y puedo descansar tranquilo. Buenas noches.
viernes, 30 de mayo de 2014
Un cambio en Matrix, o quizá no somos ya tan jóvenes.
Hoy he ido al estanco a comprar mi último billete de abono joven, porque a partir de Julio tengo que usar el normal. Con la tarjeta puedo prorrogarlo hasta el día que cumpla 23 pero sólo es alargar lo inevitable.
Entre eso, el final del Master (y la subsiguiente incertidumbre futura) y numerosos incidentes sospechosos como el Atlético ganando la liga, pp y psoe no llegando entre ambos al 50% de los votos, remake de hoenn, nazis alemanes en el Parlamento europeo, Heartbleed, brasileños no queriendo celebrar el mundial de futbol en Brasil, Hawking negando la existencia de los horizontes de sucesos, Obama defendiendo la teoría del calentamiento global, Putin invadiendo Ucrania y haciendo grandes planes económicos con China, Star Wars rompiendo el canon establecido desde hace años en sus proximas películas... y dentro de poco seguro que Valve anuncia el Half life 3 y habrá terribles remakes o secuelas de Blade Runner y/o Dune todo está muy claro. Hay un cambio de tercio, un paso a una nueva época.
Es como si a los programadores de Matrix les hubiera dado por actualizar el software.
O eso o que me hago viejo y especialmente meditabundo con cosas tan simples. Tiene sentido porque cuadraría con el hecho de que me caduca el abono joven.
lunes, 26 de mayo de 2014
El bueno, el feo y el malo: Elecciones Europeas.
Pero lo más importante de este partido es que tiene un dirigente carismático, que deambula por diferentes cadenas y programas de televisión dando caña a otros políticos y tertulianos varios. Ha conseguido ganarse el respeto de la gente por su buen conocimiento de los datos, argumentos de peso y oratoria sobresaliente dada la escasez de auténticos oradores últimamente (no en vano es profesor de Ciencias Políticas). Al mismo tiempo, ha sido uno de las caras conocidas a favor del movimiento 15-M, lo que le ha dado más popularidad aún. Con poco presupuesto (Crowdfunding) ha sacado adelante su campaña electoral y ha conseguido 5 escaños, del orden de partidos más veteranos (y con aspiraciones más altas) como IU y UPyD.
Y ahora la gente no para de hablar de ello. En las cadenas de izquierdas todo el mundo lo aplaude y están eufóricos con la resaca de la victoria, y en las de derechas empiezan a lanzar pestes y a buscar trapos sucios y puntos débiles, o directamente a decir que son comunistas, anarquistas o peor. Y todo el mundo comenta que el bipartidismo ha muerto.
Bueno, también quiero hablar de Ingaterra, Francia, Dinamarca, de Suecia, Suiza, Austria, Noruega y Finlandia. Allí la extrema derecha ha ganado las elecciones o ha subido espectacularmente. En Grecia ha sido la extrema izquierda de Syriza, pero los neonazis han sacado un puñado de escaños. En Alemania incluso hay un partido neonazi que ha sacado uno. Neonazis en Alemania. Te cagas.
Por otra parte, tanto Syriza, como Podemos e IU, como el Movimiento 5 estrellas, han subido mucho en los países del sur. En Cataluña ha ganado Esquerra Republicana. De hecho en España los principales partidos, PP y PSOE no llegan al 50% de los votos, aunque la ley electoral les da suficientes escaños para gobernar entre los dos si hay una coalición. De hecho en Europa se habla de hacer una coalición entre estos dos grandes partidos europeos para frenar a las izquierdas y derechas radicales y anti-europeístas.
Mientras tanto, aquí en españa se habla de la ruptura del bipartidismo, y PP y PSOE empiezan a pensar en un lavado de cara. La gente no les quiere, está enfadada y sólo ve en ellos a los mismos de siempre que les llevaron a la crisis, que roban y que son lo peor que podrían ser. Por suerte para nosotros llega un señor con barba y coleta, soltando discursos ultrapopulistas que convencen a la gente y les inflaman el pecho de democracia fresca y reluciente, de libertad añorada y de justicia perdida. Un señor que mira a los ojos a la casta política y les amenaza con tirarles del podio. Ese pequeño pero gran partido es Podemos, junto con los avances sorprendentes de IU, no lo olvidemos, y amenaza con desequilibrar la balanza. La pregunta es, ¿Quién es el bueno, quién es el feo y quién es el malo?
Al principio pensé que el bueno debe ser Podemos, el feo el bipartidismo y el malo sea la ultraderecha, y me gustó. Pero luego discutí con la gente, leí cosas y me informé un poco. Y resulta que no es verdad. La verdad es que la democracia es débil, y los partidos extremos son la tiranía de los hombres malos.
Referencias a Pulp Fiction aparte, creo que los buenos somos todos los ciudadanos, los feos son los políticos actuales y Podemos y los demás ultras europeos de ambos lados son los malos. Los malos del libro, que hacen moverse a los buenos, les asustan y a la larga les motivan a ser valientes y hacer lo correcto.
No digo que lo correcto sea votar al PP o al PSOE, en absoluto, o al menos no hoy ni mañana ni pasado mañana. El feo tiene que desaparecer, porque tal y como están las cosas nadie necesita ya políticos inútiles y corruptos. Los partidos moderados necesitan una renovación, porque los partidos moderados son los que deberían gobernar, bajo la dura e incansable de los radicales idealistas. No es que Podemos no esté preparado para gobernar, sencillamente no creo que haya una mayoría en un país como España que vaya a votar a la extrema izquierda. En Grecia lo han hecho, diréis, pero os contestaré que el caso de Grecia es muy extremo. Pero aquí también estamos muy puteados, diréis, pero os contestaré que tengáis un poco de visión global y os saquéis la cabeza del ombligo, porque aunque estamos en la mierda, estamos mucho mejor que los griegos.
Además, nuestro país aún arrastra la lacra (¿o el don?) del miedo a los extremos. Los rojos y los fachas dan miedo. Somos de izquierdas, de derechas o de centro, y luego unos cuantos zumbados e iluminados, que a veces convencen a la gente cabreada, pero no somos ni fachas ni rojos. España es, sorprendentemente, un país sensato, porque hemos tragado mucha mierda y sabemos de qué va eso de la mierda. Creo que Podemos puede ser un magnífico malo del libro, un impulso fresco y alucinante que revitalice la vida política en el país. Me da que el PSOE y el PP seguirán ahí mucho tiempo, pero también me da que van a tener que cambiar su forma de hacer política, porque si no, el coco, el malo del libro, se los comerá con patatas.
Dijo Pablo Iglesias que no quieren ser un partido anecdótico, sino que quieren cambiar cosas y gobernar. No creo que gobiernen, puede que sean bisagra en algún lado o saquen algún ayuntamiento pequeño e interesante, pero no gobernarán a lo grande. No obstante, sólo que se hable tanto de ellos ya es un gran cambio.
Entonces, ¿Quién es el bueno, quién es el feo y quién es el malo? Pues quién va a ser. Podemos. Desde el principio de la entrada, es el bueno, es el feo y es el malo. Y también yo. Y también tú, querido lector, que votas al PP, votas a IU, votas a CiU y a Bildu. Que haces voto útil a partidos corruptos, que votas con el corazón a los verdes que como mucho se llevarán un escaño, que luchas por la independencia de una región aunque todos los demás te dicen que será un fracaso, que votas a Podemos por venganza al PSOE que te ha decepcionado y traicionado, que te quedas en casa y no votas siquiera.
Somos el bueno porque somos la salvación de la democracia.
Somos el feo porque votamos sin pensar demasiado.
Somos el malo porque somos el cáncer de la democracia.