viernes, 25 de enero de 2013

Y esto... ¿para que sirve?


Michael Faraday era un prestigioso y reputado físico y químico británico del siglo XIX. Una vez, en una exposición de ciencias (de esas que los británicos montaban de vez en cuando mientras aquí nos dedicábamos a darnos golpes de estado cada pocos años) el primer ministro de allí se interesó por los curiosos descubrimientos de Faraday acerca de imanes y corrientes eléctricas. Pero por muy interesado que pudiese estar con la ciencia, no dejaba de ser un político, e hizo la pregunta que todo científico oye un par de veces al mes: Señor Faraday, ¿para qué sirve todo esto que nos ha contado?
La respuesta de Faraday podía haber sido cualquiera: para avanzar en el conocimiento del mundo, para saciar la sed de curiosidad, para sorprender, para divertir… y todas habrían sido ciertas. Pero Faraday fue un paso más allá, y le habó al político como el político no esperaba que le contestasen:
“Ahora mismo, ni idea de para qué puede servir. Pero le aseguro, señor, que dentro de unos años pagará impuestos por esto.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario