viernes, 25 de enero de 2013

Y esto... ¿para que sirve?


Michael Faraday era un prestigioso y reputado físico y químico británico del siglo XIX. Una vez, en una exposición de ciencias (de esas que los británicos montaban de vez en cuando mientras aquí nos dedicábamos a darnos golpes de estado cada pocos años) el primer ministro de allí se interesó por los curiosos descubrimientos de Faraday acerca de imanes y corrientes eléctricas. Pero por muy interesado que pudiese estar con la ciencia, no dejaba de ser un político, e hizo la pregunta que todo científico oye un par de veces al mes: Señor Faraday, ¿para qué sirve todo esto que nos ha contado?
La respuesta de Faraday podía haber sido cualquiera: para avanzar en el conocimiento del mundo, para saciar la sed de curiosidad, para sorprender, para divertir… y todas habrían sido ciertas. Pero Faraday fue un paso más allá, y le habó al político como el político no esperaba que le contestasen:
“Ahora mismo, ni idea de para qué puede servir. Pero le aseguro, señor, que dentro de unos años pagará impuestos por esto.”

sábado, 19 de enero de 2013

Un anuncio breve desde la escala de Planck


Bueno, esporádicos lectores. Igual ni lo sabíais, pero llevo un tiempo teniendo otro blog, que he procedido a abandonar a su suerte en el mar de Blogger. Se las apañará bien él solo, lo sé. No lo borraré, porque cuando vuelva a necesitarlo, estará allí otra vez. Que lealtad tan curiosa.

Por si sentís curiosidad, os dejo su dirección, pero os digo que tampoco es nada del otro mundo. Se convirtió en el rincón infinitesimal en el que depositar pensamientos dejados de lado y ordenarlos en su conveniente escala.

http://confesionesplanck.blogspot.com.es/

A partir de ahora dedicaré todo lo que escriba a este blog, que tampoco es mucho, de todos modos.

martes, 1 de enero de 2013

El año nuevo y los sistemas caóticos


Un año más, un año menos. Depende bastante de cómo lo veas, pero las dos opciones son a mi parecer válidas. Últimamente uso mucho esa expresión, pero es que me cuesta sacármela de la cabeza.

Veo pasar un año jodido. Este ha sido malo, no lo voy a negar. Un invierno frío y tristón, una primavera llena de amarga melancolía y soledad imaginaria, un verano aburrido y perezoso, y un otoño en el que me sentí como las hojas de los árboles, dejándome llevar por el viento cruel, y volvemos al invierno, en el que echo la vista atrás con rabia y desilusión. Pero con algo de ilusión a la vez.

Al final, mis años son paradoja tras paradoja. Un bucle que no se repite nunca, pero que parece ser el mismo siempre. Tropezones con piedras parecidas, con distintos rostros pero miradas y ojos parecidos. Todos tenemos las pupilas oscuras, pero hay quien tiene una belleza salvaje en esa oscuridad.

El desorden de un atractor caótico, eso considero yo mis días. No trato de hacerme el interesante, pero me gusta la grandilocuencia y el dramatismo que con el lenguaje se puede lograr de los hechos más comunes.

Porque tras la desilusión, hay más ilusión. Tras la soledad, hay amigos y familia. Tras la pérdida, hay nuevas oportunidades. Tras el fracaso, hay sueños que aún deben ser cumplidos.

Cuando la luna me sonríe con ganas de estrellarse contra mi mundo, hay un 22 de diciembre en el que todos seguimos vivos. Cuando las pesadillas y los sueños espesos me tienen revuelto en la cama, amanece y puedo volver a ser yo mismo. Cuando vuelco a casa por la mañana con el frío y el agotamiento de una noche de no dormir, con la camisa mal puesta y los zapatos helados, siempre me puedo lanzar en mi cama con los ojos sucios y los labios secos.

Este año ha sido un año cualquiera, pero a la vez no. Ha sido un año imprescindible, pero a la vez el peor que recuerdo. No me arrepiento de que pasase, porque gracias a él soy más como soy. Como el año pasado, me he llevado sorpresas. Algunas gratas y otras más hirientes. Una dualidad presente en cada partícula subatómica, ¿no?

Dije que al final resultaba que me gustaba ver cambiar las cosas. Bueno, a nadie le gusta estancarse. No quiero estancarme, ni quiero que nadie lo haga. Igual vuelvo la vista atrás con el dolor de lo que podría haber sido, con las preguntas en el aire y los ojos esquivos, pero no volveré al pasado. Porque he aprendido todo lo que he podido, y eso es bueno.

Como un sistema cuántico, pero caótico, el año nuevo ha llegado disperso e improbable, pero ha llegado. Y pese a ser un año jodido, sonrío. Porque las cosas importantes se dicen con un par de cervezas, un chocolate con churros o una cena sorpresa.

Y esto va dirigido a aquellos a los que va dirigido, más allá del caos ordenado de mis días.

Gracias. Ha sido un buen año, pero os voy a necesitar otro año más. 

Y feliz año nuevo.